Capacitación y desarrollo

Por qué tu gente no termina los cursos

Las tasas de finalización bajas casi nunca son un problema de actitud. Son un problema de diseño, de dispositivo y de horario — y las tres se arreglan.


Cuando un curso lo termina el treinta por ciento de la plantilla, la explicación que primero aparece es que a la gente no le interesa. Casi nunca es eso. La gente termina lo que puede terminar.

Dónde se cae la gente

Si miras el abandono por módulo en vez de mirar el total, el patrón suele ser descarado: hay un punto exacto donde se cae medio grupo. Y ese punto casi siempre es uno de estos cuatro.

El curso es largo para el turno que tiene

Un módulo de cuarenta minutos no cabe en la jornada de alguien que trabaja en piso. No es que no quiera: es que no tiene cuarenta minutos seguidos sin que algo lo interrumpa. Lo que cabe son bloques de cinco a diez minutos que se puedan retomar donde se dejaron.

Está hecho para una computadora que no tiene

Buena parte de la primera línea no se sienta frente a un escritorio. Si la formación exige un navegador de escritorio, conexión estable y un correo corporativo que la persona no revisa, el curso ya está perdido antes de empezar.

El contenido no se parece a su trabajo

Un material genérico se nota a los dos minutos, y a partir de ahí se avanza por obligación. Cuando el ejemplo es de otra industria, otro equipo y otro país, el mensaje que llega es que esto no va con quien lo está viendo.

No pasa nada si no lo termina

Si terminar no cambia nada —ni un permiso, ni una certificación, ni una conversación con el jefe—, el curso compite en desventaja contra cualquier otra cosa que sí tenga consecuencia.

Lo que sí sube la finalización

Nada de esto es novedoso, y por eso llama la atención lo poco que se aplica:

  1. Módulos cortos que se retoman. Que cerrar la app a mitad no cueste empezar de cero.
  2. Móvil de verdad, y sin conexión. El teléfono que la persona ya tiene, y que funcione en una bodega donde no hay señal.
  3. Tiempo dentro de la jornada. Si la formación es trabajo, se hace en horario de trabajo. Pedirla fuera es pedir un favor.
  4. Práctica en vez de lectura. Decidir en una situación parecida a la real sostiene la atención mucho mejor que avanzar diapositivas.
  5. Progreso visible y consecuencia clara. Saber cuánto falta, y que terminar sirva para algo concreto.

Mide la finalización como un indicador de diseño

La tasa de finalización dice más del curso que de la gente. Tratarla como un indicador de diseño —y no como una medida de compromiso del personal— es lo que convierte un número incómodo en una lista de arreglos concretos.